Written by : By LiveHappy

Deja de culpar a los demás

Lee el segundo blog de la experta en comunicación Michele Gravelle en el que explica cómo dejar de culpar a los demás y comenzar a compartir conversaciones más saludables, sea con tu hijo, tu pareja o un compañero de trabajo.

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Como parte del reto de Live Happy 90 días para ser más feliz, hemos reunido a expertos de todo el país para que nos ayuden a cambiar hábitos y vivir mejor en 2016. En la segunda parte de su blog, la experta en comunicación Michele Gravelle nos explica cómo evitar que la culpa arruine las conversaciones difíciles.


Si has estado siguiendo el reto de los 90 días, al igual que Susan Kane, colaboradora de edición para Live Happy y yo, tal vez hayas definido tu propia meta para lograr una mejor comunicación. Has comenzado a llevar un diario y a prestar atención a lo que estás pensando, sintiendo y no estás diciendo en tus conversaciones. Estás haciendo preguntas y mostrando empatía y aún así te encuentras siendo provocada o inadvertidamente provocando a la otra persona.

Ahora quisiera hablar de lo que puedes hacer para retomar el rumbo y superar los momentos difíciles.

Un reto habitual

Uno de los errores más comunes que nos mantiene atascados en antiguos comportamientos es el reproche. En casi toda conversación difícil existe un trasfondo de “estoy en lo cierto, tú te equivocas y si fueras capaz de dejar de hacer lo que estás haciendo, entonces, yo dejaría de estar enojada contigo y no estaríamos pasando por tan mal momento.” Básicamente estamos diciendo que el reto actual es la culpa de la otra persona.

Es necesario hacer un análisis muy honesto de nuestros pensamientos y comportamientos para revelar nuestro mensaje no tan oculto del reproche, porque aún cuando podamos creer que no estamos reprochando abiertamente a la otra persona, si lo estamos pensando o sintiendo, entonces, te garantizo que ese es precisamente el mensaje que se está filtrando en la conversación y al que la otra persona está reaccionando.

Tomemos como ejemplo la situación de Susan y su hija Coco. A veces Susan siente que su hija le habla de manera irrespetuosa y ese ha sido un reto constante. Creo que todos los que hemos vivido los años de adolescencia de nuestros hijos podemos sentirnos identificados. Es fácil pensar “soy el padre o la madre, ellos son los hijos y deben tratarme y hablarme con respeto. Si ellos dejaran de ser tan irrespetuosos, yo no estaría tan enfadada con ellos.” En teoría, tiene sentido. Sin embargo, el mensaje subyacente que recibe el adolescente es “esto es por tu culpa” lo que, por supuesto, actúa como disparador y hace que el niño se sienta aún más frágil, inestable y defensivo.

Cómo darle la vuelta

Cuando responsabilizamos a nuestros hijos (o a cualquier otra persona) por nuestros sentimientos, nos quedamos esperando eternamente que cambien para que nosotros podamos sentir tranquilidad o felicidad. La mejor manera sería asumir la responsabilidad por tu propio estado de ánimo y sentimientos. De esa manera no sólo te sentirás mejor sino que también quitará el reproche del mensaje a tus hijos y podrás modelar el comportamiento exacto que a ti te gustaría que ellos adoptaran.

Este es un ejemplo de conversación sin reproches:

Hija a la madre: “¡Te odio! ¿Por qué siempre metes tu nariz en mis asuntos? Ya déjame en paz.”

Madre: (En lugar de decir “No me hables as픓¿Parece que tienes algo en mente?”

Hija: “No, solo quiero que me dejes tener mi propio espacio.”

Madre: “¿Qué es lo más frustrante para ti de lo que digo o hago?”

Hija: “¡Todo!”

Madre: “Está bien. Si tuvieras que orientarme para ser una mejor madre, ¿cuál sería la primera cosa que te gustaría que cambiara en el futuro cuando sienta curiosidad por saber cómo fue tu día?”

Hija: “Déjame decidir cuándo y qué contarte, en lugar de bombardearme con preguntas en el preciso instante que llego de la escuela a casa.”

Madre: “Voy a trabajar en eso y si me olvido y comienzo a hacerte muchas preguntas, me gustaría que me digas, ‘Madre, recuerda que acordamos que no me harías tantas preguntas.’”

Conclusión

Esta conversación puede parecer poco realista para aquellos que estén a mitad de camino en la crianza de sus adolescentes. Tu voz interior puede estar diciendo “Sí, claro, mi hijo/hija jamás hablaría de esa manera.” Sin embargo, por muy lejano que pueda parecer, de aquí se desprenden varias enseñanzas clave:

  1. Fíjate que en cada turno de la conversación, la madre respondió a la menor con indagación, no con reproche.
  2. La madre pidió orientación específica. Tus hijos tienen toda clase de orientación práctica para darte. Cuando les pides opinión aumentas su autoestima y demuestras que valoras y respetas sus ideas.
  3. El progenitor está modelando eso que los menores quieren aprender y en el proceso, les está brindando opciones durante la conversación.

Estas acciones coloquiales funcionan con todas las personas, no sólo entre padres e hijos.

La próxima vez que te encuentres atrapada en una conversación y sientas que te has desviado del tema, detente y pregúntate cómo podrías estar culpando encubiertamente a la otra persona. O simplemente pregúntale a la otra persona, “¿Qué ves que estoy haciendo en esta conversación y que no ayuda en nada?” Pedirle opinión a tu interlocutor en el mismo momento de la conversación es un acto altamente eficaz y si lo haces con honestidad, podrás obtener valiosa información y reconstruir la confianza.


Michele Gravelle es una experimentada coach ejecutiva, experta en comunicación y consultora de The Triad Consulting Group. Facilita los programas de formación para ejecutivos en Harvard Negotiation Institute y Duke Corporate Education y también ha sido colaboradora del libro Enlightened Power: How Women Are Transforming the Path to Leadership (Poder iluminado: cómo las mujeres están transformando la práctica del liderazgo).

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